Notas

Notas

Notas por  Daryus

Los grandes ventanales dejaban traspasar la luz grisácea de un calmado amanecer. En la habitación reinaba un auténtico caos, Tan solo como una isla en medio de la tormenta. La cama, sobre ella intacta había quedado depositada la ropa con gran cuidado, recreando la silueta perfecta de su propietaria. Se podía oler en el viciado aire de la estancia, el desenfreno, la obedecía y la pasión. A la derecha sobre la alfombra una mirada triste empezaba a despertarse, inmóvil, esperando una orden que no llegaba. La piel se notaba erizada sobre el cuerpo desnudo en posición fetal, blanca, marcada transversalmente por finas líneas azules. Recuerdos de una noche intensa. Sumida en su realidad sumisa, intentaba recodar lo pasado, según despertaba, el frio se hacía más intenso, como si de golpe le hubiesen echado un cubo de aire frio.

No se quería mover reteniendo su pasado, su esencia, su vida. Le venían imágenes, una y otra vez, desnuda, las manos en la nuca las piernas separadas. Avanzando hasta una bota, puntiaguda, brillante de una piel negra, distinta, después supo que era armadillo, colgada en el aire tras una pierna sobre otra pierna de un pantalón negro. Retumbaba en su oído una voz y se dirigía hacia ella, sin conciencia, autómata. Frótate, frótate, se repetía una y mil veces, frótate, frótate, como hacen las perras. Flexionaba las rodillas para acercarse a esa punta hipnótica, sentía su caricia en el coño, que se abría con cada envite, y el frotamiento en el clítoris a cada retroceso. Perdió la noción de sí misma, el tiempo se ralentizada, el universo a sus pies. Se sintió estremecer una, dos veces, mas, no importaba solo el momento.

La presión desapareció sigilosa y con esfuerzo mantuvo su postura esperando su orden. Se dilataba el tiempo y las piernas empezaban a pesar semiflexionadas, incomodas. Sabía el juego y sabía que la mantendría al límite, jugando con su resistencia. Pensaba, aguanta eres una buena perra demuéstralo, aguanta, no muevas ni un músculo, todo tiene su objetivo, nada queda al azar, con el no. Se lo repetía una y otra vez, olvidándose de pensar, concentrándose en esos pensamientos para no caer. Estando al límite, llego la siguiente orden, de rodillas. Sabía lo que seguía, las perras son limpias, no dejan rastro. Pero había que esperar la orden aguantando las ganas irrefrenables de lamer la piel.

Con la mirada baja, de respeto, miraba hacia arriba, la camisa cereza y la americana negra quedaban a su altura. Hoy no llevaba corbata, la camisa abierta mostraba parte del vello del pecho. En el momento que imaginaba alargar la mano y juguetear con los pelos; escucho, limpia lo que ensucias. Alargo la lengua empujada por todo su ser, movimientos largos y lentos degustando su esencia, su tiempo. A cuatro patas, las piernas ligeramente separadas el culo en pompa ofreciendo sus agujeros, los pezones rozando el suelo y el cuello estirado. Cuantas veces había practicado esa postura, cuantas veces se había imaginado así, y ahora lo estaba.

Entregando su cuerpo, su alma, en cada lametón. Noto como su coño se humedecía, como empezaba a excitarse de nuevo. No tenía prohibido correrse, se lo había dejado claro, disfruta mientras te lo permita. Y seguía lamiendo, entregándose, empapándose de ese momento. Presionaba con fuerza el interior del coño buscando una auto caricia que ayudase a soltar sus sucios jugos de perra. Consiguió su objetivo y se corrió sin tocarse lamiendo únicamente, limpiando los rastros de su celo. ……