Notas

Un Regalo de Navidad

La fina lluvia seguía cayendo acariciando la piel de mi cara, el día demasiado tibio para esta época invitaba a caminar por las calles desiertas. Habíamos quedado en un restaurante de la zona, acogedor.

Las llamas crepitaban en el hogar y un ambiente cálido saludaba al entrar. Estaba casi vacío, aletargado tras una noche de resaca de cenas de empresa.

Yo, mi acompañante y las camareras que danzaban con desgana en víspera de vacaciones. Ella con el pelo recién arreglado, cabellera larga rubia y su mechón violeta. Se esforzaba por mantenerla delante, ocultando unos senos protuberantes.

Cuando le preguntaba cómo era su respuesta siempre era un soniquete, Gordas como las de una vaca Señor. Acompañaba aun rubor esa frase y me deleitaba en ello. La tarea de hoy era simple, comer juntos. Por lo menos esa era la apariencia a primera vista. Pasado el primer instante y con la copa de vino en la mano, deje deslizar sobre la mesa un paquete de dimensiones no muy grandes.

Contemple su mirada baja que esquivaba la mía, pendiente del regalo. La comida siguió en un ambiente cordial, salpicado de frases subidas de tono. Tanteando el momento, buscando la grieta por donde penetrar en ella. Conquistar su mente sumisa.

Llego tras el primer entrante mi pregunta, la cabellera sobre su pecho. Abrió su vergüenza y fue el momento de deslizar la caja hacia ella. Con un gesto pidió permiso para abrirla, lo concedí y con nerviosismo fue soltando, primero la cuerdecita que imitaba una atadura perfecta.

Fue preguntando a cada gesto que había en el interior. Mi silencio por respuesta agitaba su respiración, el nerviosismo por parecer tranquila aceleraba el movimiento de sus manos, entorpeciendo su cometido. Se sentía observada, desnuda ante mí. Por fin logro abrirla del todo.

Me miro esta vez a los ojos, sin atreverse a levantar la tapa. Intuyendo algo que deseaba y a la vez temía. Me volvió a mirar, es tu regalo le dije, devuelve el mió. Se puso de pie nerviosa levanto su falda despacio sin importarle si alguien más miraba.

Las piernas envueltas en las medias se hacían visibles, la blonda de la liga, la carne desnuda. Le dije que era suficiente cogió la cajita y se dirigió al baño.

Sabía las instrucciones, saliva y solo saliva. Tardo, no mucho. La cajita la mostró vacía y se acercó a mí dejando su cuerpo al alcance de mi mano.

La metí debajo de su falda palpando los muslos húmedos, el coño chorreando y el círculo duro que impedía que el plug terminase dentro de su culo.

Me recree más de lo necesario acariciando mi posesión. Disfrutando de ese momento mío, para eso era Navidad mi regalo.

Daryus

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