Espejos II

No me des tregua, no me perdones nunca.

Hostígame en la sangre, que cada zarpazo lleve tu marca.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Ven a mí con tu furia seca de metal y llama.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas hasta el hueso.
Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

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