Las Benevolas 2

“Ya de adultos, fuimos a ver algo así como un Museo de la Tortura, en donde había todo tipo de látigos y de tenazas, y una «Virgen de Núremberg» y una guillotina en la sala del fondo. Al ver el instrumento aquel, a mi hermana se la encendió la cara:»Quiero echarme ahi». La sala estaba vacía; fui a ver al guardián y le metí un billete en la mano «Esto es para que nos deje a solas veinte minutos» ,»Esta bien Señor»,asintió con una leve sonrisa. Cerré la puerta y oí como echaba la llave.Mi hermana se había tendido en la báscula; abrí el cepo y lo volví a cerrar dejándole dentro el largo cuello, tras alzarle con cuidado la pesada melena .Una jadeaba. Le até las manos a la espalda con mi cinturón y, luego la subí la faldas .Ni siquiera me tome la molestia de bajarle las bragas, aparte el encaje hacia un lado y le separe las nalgas con ambas manos: en la raja, anidando entre el vello, le palpitaba el ano. Escupí en el .»No», protestaba .Me saque la verga , me tendí encima de ella y se la metí .Soltó un alarido largo y ahogado .Tenia a Una aplastada bajo mi peso ; como la postura era incomoda –los pantalones me trababan las piernas- solo podía moverme a trompicones. Inclinado por encima del cepo, y con la cabeza bajo la cuchilla, igual que ella, le susurraba :»Voy a tirar del resorte y a soltar la hoja».Ella me suplicaba:»Por favor follame por el coño»_»No». Goce de golpe, una sacudida que me vació la cabeza de la misma manera que una cuchara rebaña el interior de la cáscara de un huevo pasado por agua.”

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